Querido turismo,
Hoy, 27 de septiembre, Día Mundial del Turismo vuelves a estar en el centro de todas las miradas. Se celebra tu día mundial bajo el lema de la OMT: “Tourism and Sustainable Transformation”. Una frase que suena inspiradora, pero que inevitablemente me hace preguntarme: ¿qué significa realmente transformar de forma sostenible?
Porque, si lo pienso bien, tú no necesitas más días con slogans, necesitas cambios reales.
Transformar no es crecer
Demasiadas veces confundimos crecimiento con transformación. Se presentan cifras de llegadas internacionales, de inversiones millonarias y de creación de empleo como si fueran pruebas suficientes de que todo va bien. Pero los datos esconden lo evidente:
El turismo global es responsable de aproximadamente el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Gran parte de sus empleos siguen marcados por la temporalidad y la precariedad (OIT).
En numerosos destinos, la turistificación desplaza comunidades, tensiona el acceso a la vivienda y degrada el entorno natural.
Si esta es la transformación que celebramos, entonces es incompleta y profundamente injusta.
Lo que la transformación debería significar
La transformación sostenible del turismo solo tendrá sentido si se mide con parámetros distintos:
Gobernanza efectiva y participativa, que escuche a las comunidades locales y las convierta en protagonistas.
Educación y formación accesibles para jóvenes, mujeres y colectivos vulnerables, de manera que nadie quede fuera del sector.
Inversiones responsables, guiadas por criterios de resiliencia, justicia social y acción climática, no solo por la rentabilidad inmediata
Protección de recursos naturales y culturales, respetando los límites del planeta y asegurando que futuras generaciones también puedan disfrutar de ellos.
En definitiva: un turismo que deje de extraer valor para empezar a regenerarlo.
Donde duele: la redistribución
Si tuviera que quedarme con un único punto de partida, sería este: la redistribución de beneficios. Mientras el grueso de la riqueza generada termine en manos de unos pocos y los impactos recaigan en las comunidades locales, no habrá transformación posible.
Hablar de sostenibilidad sin hablar de justicia económica y social es maquillar un modelo que sigue siendo profundamente desigual.
Un llamado colectivo
Como profesional de la comunicación en turismo responsable, me siento con la responsabilidad de decirlo alto y claro: la verdadera transformación no llegará sola, ni mucho menos será automática. Necesita voluntad política, decisiones valientes y ciudadanía crítica que exija coherencia.
Hoy, en lugar de celebrar sin más, prefiero pensar en este día como una oportunidad para cuestionar. Una invitación a imaginar un turismo que de verdad aporte bienestar a las personas, cuide el planeta y no se conforme con ser “menos dañino”, sino que se atreva a ser regenerativo.








